Analista explica la reforma durante tres horas; nadie entendió pero todos aplaudieron
El experto usó 47 láminas, 12 acrónimos y una metáfora con un barco. Al final, el público estaba de acuerdo con él y él con el público, sin que ninguno supiera en qué.

Fui a la charla con la intención de entender la reforma. Salí con la certeza de que la reforma existe, de que es importante y de que hay un barco involucrado. Sobre lo demás, tengo notas.
El analista empezó puntual, lo cual me predispuso en su contra, y abrió con una lámina titulada “Contexto”. La lámina contenía únicamente la palabra “Contexto”. Explicó que era intencional. Hubo murmullos de aprobación.
Siguieron 46 láminas más. Aprendí que la reforma “articula”, que “transversaliza”, que “pone en el centro” y que “no es una reforma sino un proceso”. Aprendí que sus detractores “no han leído el articulado” y que sus defensores “tampoco, pero con buena intención”. Aprendí que hay un barco, que el barco es el país, que el mar es la economía y que la reforma es, según el minuto de la charla, el timón, la vela o el astillero.
Mi posición como intelectual
Como marxista, debería preguntarme quién es el dueño del barco. Como aspirante a aristócrata, me pregunté quién decoró el salón. Como periodista, me pregunté cuándo terminaba. Las tres preguntas quedaron sin respuesta, lo cual, en un evento sobre reformas, es coherencia.
Cuando terminó, el público aplaudió de pie. Yo también. No sé por qué. Creo que aplaudimos que hubiera terminado, pero el analista lo tomó como respaldo y anunció una segunda parte. Volveré. Alguien tiene que averiguar qué es el barco.