Calato se infiltra disfrazado en un concierto de reguetón para "estudiar al enemigo" y sale a las cinco de la mañana con un tatuaje temporal
Nuestro reportero entró a las nueve con una libreta y una tesis. Salió sin la libreta, sin la tesis y con el número de una persona llamada Yoiner.

La misión era clara. Calato llevaba meses sosteniendo que el reguetón es “el opio del proletariado bailable” y que su expansión responde a una estrategia del gran capital para que la clase obrera se mueva mucho y piense poco. Para demostrarlo, decidió infiltrarse en un concierto multitudinario disfrazado, con peluca roja y camisa a rayas, bajo la identidad de “una antropóloga con doctorado en Francia”.
Su cuaderno de campo, recuperado a la mañana siguiente debajo de un puesto de empanadas, documenta el proceso de la investigación:
- 9:15 p. m. “Ambiente hostil. Bajos excesivos. La gente sonríe demasiado. Sospechoso.”
- 10:40 p. m. “Noto que el ritmo es repetitivo. Anoto para el informe. Mi pie derecho se mueve sin autorización.”
- 11:55 p. m. “Una señora me ofreció agua y me dijo que bailo bien. Es una provocación de clase. Acepté el agua.”
- 1:20 a. m. “El artista pidió que levantáramos las manos. Las levanté para tener perspectiva.”
- 2:45 a. m. “Yoiner dice que tengo flow. No sé qué es. Tengo.”
- 4:10 a. m. Texto ilegible. Hay un dibujo de un corazón.
Conclusiones del estudio
Consultado al día siguiente, Calato mantuvo su tesis “en lo esencial”, aunque reconoció que “el enemigo tiene argumentos que hay que estudiar más de cerca, quizás el próximo sábado”. Sobre el tatuaje temporal en el antebrazo, que dice “Perreo Intenso”, explicó que es “material probatorio”.
La peluca no fue recuperada. Yoiner no ha vuelto a escribir.