Congreso debate seis horas sobre quién puede entrar a qué baño mientras el baño del Congreso lleva tres años dañado
La sesión terminó sin acuerdo, sin quórum y sin papel. Calato cubrió la jornada desde el pasillo porque, literalmente, no había dónde ir.

Seis horas duró el debate. Seis horas en las que el pleno discutió con vehemencia, citas bíblicas, citas de Foucault y una cita de un primo que “conoce el tema”, quién debería poder usar cuál baño en los colegios del país. Al final no hubo votación: la sesión se levantó cuando un congresista pidió un receso “por razones humanitarias” y el resto descubrió que no tenía adónde ir.
Porque el baño del Congreso está dañado. Lleva tres años dañado. Hay una orden de trabajo de 2023, un contrato de mantenimiento en litigio y un letrero escrito a mano que dice “no funciona” al que alguien le agregó “como el Congreso” y luego alguien más tachó con esfuerzo.
“Es una cuestión de principios”, declaró un ponente a este medio. Al preguntársele cuáles, pidió que le repitieran la pregunta por escrito.
Las organizaciones de familias con hijos trans que asistieron a la sesión no pudieron intervenir: su turno estaba previsto para la hora siete. “Vinimos a hablar de nuestros hijos, que van al colegio todos los días y usan el baño todos los días, como cualquier niño”, dijo una madre a la salida. “Pero parece que el problema no era el baño”.
Calato, testigo de excepción
Nuestro reportero se declaró en huelga de hambre a las dos de la tarde por solidaridad con la clase trabajadora, y la levantó a las dos y veinte por solidaridad con él mismo. Sostiene que la solución es sencilla: “Un baño para todos, pero con dress code. La igualdad no es excusa para la fealdad”.
Al cierre de esta edición, el pleno había citado una nueva sesión para “dar continuidad al debate”. La orden de trabajo del baño sigue en trámite.