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lunes, 21 de septiembre de 2026 · Edición mundial · Precio: gratis, pero se acepta indignación

CalatoNoticias al desnudo
Sociedad

Calato asiste a una cena de Shabat para debatir sobre Marx y descubre, horrorizado, que el sábado se descansa

"Es la primera vez que un descanso obligatorio me parece contrarrevolucionario", declaró tras 25 horas sin celular. El anfitrión lo invitó a volver.

Por Calato ·

Calato, con la kipá que le prestaron en la puerta, procesando la noticia de que no habrá debate hasta el anochecer del sábado.
Calato, con la kipá que le prestaron en la puerta, procesando la noticia de que no habrá debate hasta el anochecer del sábado.
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Calato llegó a la cena con un plan: aprovechar la sobremesa para explicarle a la familia de su amigo Daniel, y en particular al abuelo, por qué el materialismo histórico “resuelve todas las preguntas que ustedes llevan tres mil años haciéndose”. Llevaba notas. Llevaba una edición de bolsillo de El Capital. Llevaba, sobre todo, ganas.

Lo que no llevaba era información sobre el Shabat.

“Me pusieron una kipá en la puerta, con mucha amabilidad, y me dijeron que el celular se apagaba hasta el sábado por la noche. Pensé que era una broma. Apagué el celular por cortesía burguesa. Y entonces empezó la cena, que fue larguísima, deliciosa y sin una sola discusión”, relató a este medio, todavía conmovido.

El abuelo, según Calato, le respondió a cada intento de debate con la misma frase: “Mañana, si quieres, discutimos. Hoy comemos”. Nuestro reportero intentó tres veces introducir la plusvalía y las tres veces le sirvieron más jalá.

El descanso como problema teórico

“Yo defiendo la jornada de ocho horas, defiendo las vacaciones, defiendo la huelga”, explicó Calato. “Pero un día entero sin trabajar, sin celular, sin discutir, sin producir nada, y además disfrutándolo, es algo que la teoría no me había preparado para enfrentar. Fue la primera vez que un descanso obligatorio me pareció contrarrevolucionario. Y la primera vez que dormí ocho horas”.

Daniel confirmó la versión y añadió que su abuelo “le cayó bien Calato porque comió con ganas y no interrumpió las bendiciones, aunque por poco”. La familia lo invitó a la próxima cena. Calato aceptó, con una condición: “que el sábado por la noche sí discutamos”. El abuelo respondió: “Ya veremos”.

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