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Sociedad

Calato va a debatir sobre Marx en Shabat y el rabí Pardowitz le gana por la izquierda

"El Shabat es la huelga general más antigua del mundo: tres mil años sin patrón un día a la semana", le explicó el rabino, que después le dio una lista de consejos para la vida revolucionaria. Nuestro reportero la anotó en una servilleta, porque no se podía escribir.

Por Calato ·

El rabí David Pardowitz, anfitrión de la cena, en el momento exacto en que Calato le preguntó si había leído El Capital. Lo había leído dos veces. En hebreo y en alemán.
El rabí David Pardowitz, anfitrión de la cena, en el momento exacto en que Calato le preguntó si había leído El Capital. Lo había leído dos veces. En hebreo y en alemán.
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Una semana después de su primera cena de Shabat, donde descubrió con horror que el sábado se descansa, Calato volvió. Esta vez llegó preparado: había leído un resumen en internet, se había aprendido la palabra “jalá” y llevaba una tesis nueva, escrita a mano en tres hojas, titulada “El descanso sabático como forma precapitalista de alienación”.

No contaba con que la mesa la presidiría el rabí David Pardowitz.

“Me dijeron que venía un rabino, y yo pensé: perfecto, un representante de la tradición, un conservador, alguien a quien explicarle la dialéctica”, relató Calato a este medio. “Nadie me advirtió que el rabino era más mamerto que yo. Y que tenía mejores argumentos. Y mejor barba”.

La emboscada

El rabí Pardowitz recibió a Calato en la puerta con una sonrisa, le acomodó la kipá, que se le había ido de lado, y le dijo: “Tú eres el marxista. Qué bien. Siéntate a mi derecha, que es el único lugar de esta mesa donde vas a estar a la derecha de alguien”.

Calato esperó a que terminaran las bendiciones, como le habían enseñado, y sacó sus hojas. Alcanzó a leer el título. El rabino lo interrumpió con suavidad:

“Mira, hijo. El sábado de descanso obligatorio para todos, incluidos los siervos, los extranjeros y hasta los animales de carga, está escrito hace más de tres mil años. Eso no es alienación. Es la primera legislación laboral de la historia. Marx llegó tarde y encima trabajaba los sábados. Qué ejemplo”.

Según testigos, Calato miró sus tres hojas, las dobló en cuatro y se las guardó en el bolsillo del saco. Luego pidió más jalá.

Los consejos del rabí

Lo que siguió fue, en palabras de Daniel, el amigo que lo invitó, “la sobremesa más larga de la historia de la familia, y eso que tenemos tíos abogados”. Durante casi cuatro horas, el rabí Pardowitz le fue dando a Calato una serie de consejos para “la vida revolucionaria bien llevada”, que nuestro reportero anotó de memoria en una servilleta después del anochecer del sábado, cuando por fin pudo escribir. Los transcribimos tal como quedaron:

  1. Sobre la jornada laboral. “Nunca defiendas la jornada de ocho horas. Defiende la de seis días. El séptimo ya lo ganamos nosotros, no lo negocies”.
  2. Sobre la propiedad privada. “La tierra no es de nadie; es prestada. Eso dice el libro. Lo que sí es mío es esta receta de kugel, y el que la toque se va sin postre”.
  3. Sobre la redistribución. “Cada siete años se perdonan las deudas. Cada cincuenta, la tierra vuelve a su dueño original. Si quieres una reforma agraria, no leas a Lenin, lee el Levítico, que está mejor redactado y no tiene notas al pie”.
  4. Sobre el celular. “Apagarlo un día a la semana es el acto más anticapitalista que existe. Ningún algoritmo ha logrado vencer al Shabat. Lo han intentado. Ahí siguen, esperando a que conectes”.
  5. Sobre los debates. “Si quieres ganarle una discusión a un burgués, invítalo a comer. Mientras mastica, no contesta. Y si la comida es buena, se le olvida lo que venía a defender”.
  6. Sobre la vanguardia. “No necesitas ser la vanguardia del proletariado. Con que llegues a tiempo al encendido de las velas, ya vas por delante de la mitad de la mesa”.
  7. Sobre los domicilios. “Hijo, no puedes estar contra la explotación y pedir domicilio a las once de la noche en moto bajo la lluvia. Escoge. O cocinas, o te callas. Y si cocinas, invítame”.
  8. Sobre la aristocracia. “Tú dices que eres marxista, pero hablas de tu abuelo el hacendado como si fuera un prócer y usas mancornas para venir a una cena. Un rabino no se escandaliza por nada. Pero las mancornas, hijo. Las mancornas”.

Calato intentó defenderse en el último punto. Explicó que las mancornas eran “herencia familiar, es decir, acumulación originaria, pero con valor sentimental”. El rabí asintió despacio, le sirvió sopa y le dijo: “Así empiezan todos. Primero valor sentimental, luego un fondo de inversión”.

El contraataque de Calato

A eso de las once de la noche, animado por el vino de la bendición, Calato hizo un último intento. Le preguntó al rabino si no le parecía contradictorio ser de izquierda y vivir con reglas tan estrictas.

“Tú vives con más reglas que yo”, respondió el rabí Pardowitz. “No comes piña en la pizza, odias a los ciclistas que llegan a tiempo, no tomas café que no sea de origen y no hablas con nadie que no haya leído a Gramsci. La diferencia es que las mías tienen tres mil años y las tuyas empezaron en la universidad”.

Hubo un silencio largo. Luego la mesa entera se rió, Calato incluido, aunque él asegura que se reía “de forma crítica”.

El balance

Nuestro reportero salió de la casa pasada la medianoche, caminando, porque en Shabat nadie lo iba a llevar en carro y el celular seguía apagado. Tardó cincuenta minutos en llegar. Dice que fue la caminata más larga y más tranquila de su vida, y que por primera vez en años no pensó en Twitter.

“El rabí Pardowitz es el único mamerto que conozco con una práctica coherente”, concluyó Calato. “Él descansa lo que predica. Yo predico el descanso y trabajo quince horas escribiendo sobre por qué nadie descansa”.

Al despedirse, el rabino le dio un último consejo, con la mano en el hombro: “Vuelve el próximo viernes. Y trae a los ciclistas. A ver si en esta casa aprendes a querer a alguien que llega puntual”.

Calato confirmó que volverá. Los ciclistas no han respondido.

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