Geisa, la "mamerta amazónica entrópica", lleva 14 horas analizando el Congreso de Estados Unidos mientras un jaguar espera con el balde vacío
Se define así ella misma y lo dice con orgullo. Desde un muelle de Leticia sigue en vivo las primarias de un estado que no sabe ubicar; a su lado, la fauna local hace fila con problemas concretos. Calato viajó a entrevistarla y encontró a su alma gemela.

Geisa tiene 26 años, unas gafas redondas, una camiseta roja con una estrella pequeña y una definición de sí misma que no admite discusión: “la mamerta amazónica entrópica”. Lo dice en su biografía de redes, lo dice al contestar el teléfono y lo dijo, con la mano en el pecho, cuando Calato bajó de la lancha en Leticia para entrevistarla.
“Mamerta porque soy de izquierda y me da orgullo. Amazónica porque miren dónde estamos. Entrópica porque todo tiende al desorden y yo acompaño esa tendencia”, explicó, sin levantar la vista del celular, donde seguía en vivo un debate del Congreso de Estados Unidos sobre el techo de la deuda.
El método Geisa
Su jornada empieza a las cinco de la mañana con el resumen de la prensa de Washington. Sigue con dos pódcast sobre el Medio Oeste, un hilo de 80 mensajes sobre el sistema electoral de Wisconsin y una discusión con un señor de Ohio que no sabe que discute con ella. A las ocho de la noche cierra con “un análisis estructural”, que consiste en indignarse en voz alta hasta que se apagan las luces del muelle.
Mientras tanto, a su lado, la fauna hace fila. Un jaguar lleva tres días sentado con un balde vacío en la boca porque el tanque del agua del barrio gotea desde el lunes. Un delfín rosado sostiene en el hocico las facturas de la luz, vencidas. Un perezoso colgado de un poste carga un cartel en blanco: iba a protestar por algo local, pero nadie le ayudó a redactarlo. Un chigüiro hizo la fila, se cansó y se fue.
“Sí, sé lo del tanque”, admite Geisa. “Pero es que ahora mismo hay una votación clave en el Comité de Asignaciones y si no la sigo, ¿quién la sigue?”. Se le informa que la siguen unos 330 millones de estadounidenses. “Sin mirada crítica desde el sur”, responde, y vuelve a la pantalla.
Calato encuentra a su igual
Nuestro reportero llegó dispuesto a criticar. Salió enamorado del método. “Geisa entendió lo que yo llevo años predicando”, declaró. “El verdadero compromiso revolucionario no consiste en arreglar el tanque, sino en tener una opinión formada sobre por qué el tanque es culpa del imperio”. Ambos pasaron la tarde analizando la política agrícola de Iowa mientras el jaguar, que ya conoce el paño, dejó el balde en el suelo y se fue a beber al río, como lleva haciéndolo desde antes de que existieran los congresos.
Al cierre de la entrevista, una vecina se acercó a preguntar si alguien sabía arreglar la bomba del agua. Geisa y Calato respondieron, al unísono, que el problema era “estructural”. La vecina dijo que sí, que la estructura de la bomba, y se fue a buscar a alguien con herramientas.
Geisa tuiteó la anécdota como ejemplo de “la desconexión de las bases”. El tuit tuvo 14 likes. Once eran de Ohio.